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Raúl Parra Serva

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Publicado el martes 07 de octubre del 2008

Opinión  

La Tercera Revolución

RAUL PARRA-SERVA

La historia del crecimiento económico además de fascinante es relativamente nueva. Considerando todo el período histórico que abarca desde la aparición del género humano hasta mediados del siglo XVIII, el mundo no había experimentado crecimiento económico alguno.

El mundo comenzó a crecer a partir de la primera revolución industrial liderada por el vapor y el carbón, cuya vigencia duró aproximadamente 100 años. Posteriormente, a finales de 1854, el profesor B. Silliman Jr., de la Universidad de Yale, analizó las propiedades del aceite mineral como fuente de iluminación y combustible. La producción de conocimiento inició la segunda revolución industrial que trajo como consecuencia la actual sociedad de los hidrocarburos.

La tercera revolución industrial, la del conocimiento, comenzó justamente a principios del siglo XXI.

A partir de ahora el volumen físico de reservas petroleras probadas y no probadas no tendrá importancia alguna, la explotación en Alaska o en las costas no se dará, las posibilidades de explotación del suelo ártico y los conflictos derivados por parte de los países colindantes no tendrá lugar.

La producción petrolera del futuro inmediato no estará en manos de los productores de la OPEP o de nuevos productores; más aún, las fortalezas derivadas del petróleo que sea necesario producir estarán basadas en el conocimiento. Esta última etapa de la revolución de los hidrocarburos será protoganizada por productores de bajo costo como Exxon Mobil, Chevron, ConocoPhillips y tal vez Saudi Aramco.

Estas empresas tienen ventajas comparativas sostenibles a lo largo de la cadena productiva por el uso de economías de escala, que les permiten producir y ser altamente rentables, incluso en situaciones de altos precios petroleros, que en el porvenir serán simplemente hechos históricos.

El precio del petróleo se ubicará alrededor de $50 por barril, exactamente igual al costo de producir un barril en aquellas explotaciones petroleras costosas por las implicaciones que supone producir en zonas de grandes dificultades.

De acuerdo con análisis especializados, las compañías más eficientes y transparentes tienen sobre la base del precio promedio de $65 en el 2007 por barril vendido una utilidad promedio del 10%, la necesaria reinversión está alrededor de $36.50 por barril, deduciéndose, entonces, un costo aproximado por barril producido de $22.

En este mismo orden de ideas, se presume que la contraparte definida en términos de países productores ineficientes como Venezuela, México, Irán, Rusia y Nigeria, tendrían un costo aproximadamente de $44 por barril. Esto supone producir a pérdidas por debajo de este nivel y, peor aún, sin margen de beneficios y de posibilidades de reinversión.

Los nuevos tiempos presionarán los precios a la baja, de tal forma que un precio de $50 por barril vendido supondrá un ajuste básicamente en los rubros de reinversión y, dado los altos costos referidos a la exploración y explotación, se derivará una situación donde inevitablemente las empresas petroleras que no tienen control sobre estas variables y no pueden evitarlo tendrán necesariamente que reducir la exploración y por ende los nuevos desarrollos.

El petróleo ha sido la base de la sociedad industrial. La sociedad avanzada del siglo XXI tiene en el medio ambiente un propósito de vida. Sin embargo, más allá de esta demanda básica la respuesta será económica.

La revolución del conocimiento y el uso de combustibles fósiles son contrarias por definición, suponer que el combustible de los próximos años sea un derivado del petróleo sería negar la dinámica de la historia.

Estados Unidos vive una severa crisis económica. La buena noticia es que ahora necesita producir un rebote tecnológico que aumente la tasa de productividad, tal como lo hicieron internet y la tecnología de la información, para generar las tasas de crecimiento económico que lo reposicione nuevamente.

El salto tecnológico, sin dudas, será energético. Después de 150 años, el petróleo no será la fuente de iluminación y combustible del futuro inmediato.

Economista venezolano.
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