Estabilidad Virtual

El sistema financiero americano podría sucumbir y su impacto tener graves consecuencias globales. La inminencia de una crisis sistémica mundial bien puede comenzar en los mercados de acciones o posiblemente el detonante sea un colapso de la deuda corporativa. Otra razón para este escenario es el tamaño de la deuda pública en USA duplicada en los últimos años. Así mismo, un desplome del dólar hasta el extremo de dejar de ser reserva de valor.

La manipulación de los mercados ha garantizado una estabilidad precaria de tipo virtual, como consecuencia la noción de mercados libres se ha perdido, incrementándose a un nivel máximo la vulnerabilidad.

El dinero que se muestra como el activo más deseado por los mercados es el BitCoin. Este tiene una dimensión virtual cuya naturaleza intrínseca es etérea y en cuya alta demanda se refleja la absoluta desconfianza que la gente tiene respecto a las instituciones financieras y los bancos centrales.

La próxima crisis constituiría un hito histórico sin precedentes, sus dimensiones y alcances podrían afectar seriamente a Occidente. Sus resultados de largo plazo van a depender necesariamente de un acuerdo de las élites económicas y financieras globales, la Reserva Federal (FED) y el Banco Central Europeo (BCE).

Además es imprescindible la presencia del liderazgo político mundial y de China quien con sus propios problemas e intereses juega en este tablero.

El mundo tal como lo conocemos le dará paso a uno nuevo. A la conclusión del siglo XV la gente pensaba que el final de los tiempos estaba cerca, y tenían razón. El mundo de entonces cambió radicalmente con el descubrimiento de América impactando toda la geopolítica mundial, reasignando la riqueza global y el predominio económico.

Europa que era un continente atrasado y pobre toma la delantera y deja atrás la supremacía de China como país líder de la economía global. Nace el Imperio español. Se inicia la modernidad.

Un nuevo orden debe surgir alrededor de la fundación de una arquitectura financiera global. El sistema capitalista no tiene punto de comparación, nada supera la economía de libre mercado en la generación de riqueza y en la promoción socioeconómica de la gente a pesar de las imperfecciones del sistema.

Las causas primarias de estas crisis comúnmente son la euforia estimulada por las expansiones monetarias desmedidas promovidas por autoridades monetarias y la voraz conducción de los mercados financieros, por parte de Wall Street, los grandes bancos y los centros financieros privados.

Nada ha cambiado, por ejemplo, con relación a la explosión de la burbuja inmobiliaria en EEUU. En un artículo publicado en El Nuevo Herald de Miami con fecha 18 de octubre del 2008 escribí: “Esta crisis mundialmente ampliada se generó por la expansión de la liquidez global, las bajas tasas de interés en EEUU y los enormes desatinos del sistema financiero”.

Avanza sin freno y con mayor impulso una inédita recesión económica en los Estados Unidos y a lo largo del mundo cuyos efectos son impredecibles.

En estos nueve años el tamaño de la deuda corporativa y la deuda de los países se ha duplicado. La FED y el BCE han mantenido un esquema de tasas de interés cercano a cero. Igualmente, se han dedicado a la compra de papeles de deuda para financiar los mercados con el resultado concreto expresado en los índices bursátiles.

La suspensión unilateral de la convertibilidad del dólar en oro en 1971 puso fin al sistema de Bretton Woods. Los países productores de petróleo ante la depreciación del dólar comenzaron a demandar pagos en oro. Así mismo, los países extranjeros decidieron cambiar sus dólares devaluados por oro.

La urgencia era preservar el dólar, la energía sería el motivo, siempre que su precio se estableciera en dólares y para ello se negoció entre 1972 y 1974 con Arabia Saudita el nuevo sistema del petrodólar. La necesidad mundial de energía garantiza la demanda de dólares.

El comercio mundial quedaba nuevamente bajo la batuta del dólar, su supremacía quedó establecida, la confianza tendría que ser la base.

Confianza continúa siendo la variable clave. La gente ha decidido empoderarse quitándole poder a los gobiernos. Bitcoin es una expresión clara de esto. Originalmente un sistema de pago que ha derivado en un activo de inversión. Todo activo de inversión es deseado y por ello susceptible de la euforia y de la corrección. Bitcoin no es la excepción.

La Reserva Federal (FED), el Banco Central Europeo (BCE) y los restantes grandes bancos centrales alrededor del mundo han inundado la economía global con $9 trillones a raíz de la crisis del 2008.

Una enorme liquidez basada en dinero inorgánico impulsa los índices bursátiles. Inevitablemente, la liquidez comenzará a retirarse mediante ajustes de políticas monetarias simultáneamente entre los bancos centrales: retiradas las columnas se desploma el techo.

Un nuevo sistema financiero mundial tendrá que surgir tal como lo demuestra la historia usando el oro como respaldo de la moneda base, preferiblemente el dólar evitando su declive final.

Las reservas de oro poseídas por el Tesoro de los Estados Unidos están contabilizadas al precio de $42.22 la onza. Una medida de ajuste contable del precio del oro que aumente la cotización mundial cumpliría con dos propósitos: financiar el déficit fiscal y el incremento de $1.5 trillones que provocará la reforma tributaria, sin elevar la deuda.

Además, cumplirá la función de que el mundo compre crecimiento económico con inflación.

Igualmente, es imprescindible el diseño de un nuevo esquema basado en una medida de cuasi-convertibilidad en oro respetando un margen reglamentado para la oferta monetaria en su función de financiamiento del crecimiento económico.

El oro es finito. El crédito es elástico. El oro como respaldo tiene que ser un porcentaje. Mayor o menor será equivalente en esa misma medida a la confianza.

El uso del oro lo respaldan 5.000 años de historia que abarcan desde el 3500 A.C. en Mesopotamia, Egipto, China y Occidente hasta la actualidad. Históricamente en períodos de relativa paz social tiene vigencia el uso del sistema de crédito mientras en épocas de conflictos bélicos se impone el oro.

Una crisis de deuda desarrolla una época convulsa de efectos devastadores donde es necesario que la confianza en el dinero se base en su solidez, liquidez y libre convertibilidad.

Cuándo sucederá lo inevitable, nadie lo sabe, pero acontecerá porque las condiciones objetivas están dadas. Los efectos pueden mitigarse y parte de ellos evitarse a tiempo, todo dependerá de quienes crearon la crisis y de quienes deben ponerle los correctivos.

La resolución de la crisis debe evitar ineludiblemente que en el balance de ganancias y pérdidas esta vez no paguen justos por pecadores.

Un mejor mundo surgirá.

Raúl Parra Serva